Estoy actualmente obsesionada con soltar, la libertad, el presente y la despreocupación.
❝Últimamente estoy presentando colapsos emocionales demasiado seguido❞
Carmela Carvajal de Prat

kmipepeka:

Benito Baranda tiene razón cuando dice que necesitamos muchos colegios como el Carmela Carvajal o el Instituto Nacional, tiene razón, es obvio, no se discute. Nosotros somos el emblema de todos esos alcaldes weones y de todos aquellos ministros que han pronunciado esas mismas palabras vacías "Necesitamos más colegios como el Carmela Carvajal y el Instituto Nacional". Lo que no saben los poderos, es que ese objeto de orgullo que es el Carmela Carvajal para nuestraquerida directora o nuestro tan noble y respetado señor alcalde, tiene estudiantes dentro.
Sí, somos las señoritas inteligentes de providencia, las mejores en el SIMCE nacional, las que entran a la Chile o a la Cato, a las que becan en las privadas. Somos las que usamos el jumper cuatro, a lo más cinco, dedos por sobre la rodilla. Las que ganan los campeonatos de debate, de voley, las que van al sudamericano de basquetball. Todo. Las hacemos todas.Pero saben? Esos poderosos que se llenan la boca con nuestro nombre sólo ven estadísticas, números: cifras. En marzo esta pegado en el diario mural principal las estadísticas de la psu, cuantos puntajes nacionales este año. Cuantas entraron a medicina. Cuál fue el puntaje más bajo. Esas estadísticas se las saben por libro.Estudie en el mejor colegio municipal para señoritas de Chile. Estudié en el Carmela Carvajal de Prat. Pero ahora les digo, la verdadera razón por la que nosotras llevamos con orgullo la insignia, no es esa, no es la que todos creen e invocan día a día en los discursos políticos. La verdadera razón es porque detrás mío se sentaba una niña rubia, la señorita Parodi, que vivía en las Condes. A mi lado, la señorita San Martín, que vive en Maipú. Delante mio, Bastías, de Quilicura. Porque tenía compañeras que viajaban dos horas desde donde ni si quiera hay transantiago, que se levantaban a las 5:30 porque vivían en la Villa los Héroes, en  Puente Alto, en Ciudad Satélite. Porque tuve una compañera que también vivía en la periferia de Santiago, pero en la otra periferia, era la que siempre estaba dispuesta a prestar su parcela, la de la BlackBerry. Porque tenía una amiga hija de bailarines, otra, que apenas empezaba a cantar le ponía los pelos de punta a todas. Porque en mi curso habían hijas de exiliados, e hijas de los que votaron por el sí. Porque no todas eramos las artistas, pero habían muchas que en los recreos danzaban por la sala. Porque en una misma aula de unos pocos metros cuadrados, estaban todos los estilos de música, todas las clases sociales, toda la gama de colores de pelo.Porque nuestros profesores, a pesar de que hacerle clases a 45 por sala es difícil, nos respetaban, y lo más importante: nos querían. Porque finalmente entendimos, por qué Donaire no nos dejaba respirar; entendimos que nunca fue para que le alabaran el simce de ciencias, su razón era mucho más poderosa: Donaire quería que aprendiéramos, y nos hacía clases aun si se estaba cayendo el mundo, aunque el data no funcionara, aunque quedaran dos minutos para el recreo. Entendimos que Maulén se hacía mierda la garganta, no para que le alabaran los puntajes nacionales que había logrado, si no, para que entráramos a la carrera que queríamos. Estudie en un colegio donde si querías plantar un árbol, había que hacer un trámite burocrático de un mes para ocupar un mísero espacio de tierra. Pero nos dábamos la lata, porque la causa lo ameritaba, y si no nos daban permiso lo hacíamos igual. Dónde las autoridades nos censuraban, nos cazaban, nos tramitaban, dónde todo tenía una pero…  Hasta la causa más noble era un trámite imposible. Lo bonito de todo esto, es que terminábamos haciéndolo todo igual, a escondidas o por la vía burocrática. Pero las hacíamos todas. Nos dijeron toda la vida que eramos las mejores, y nos terminamos por creer el cuento. Todo lo que hacíamos era a pura fuerza de ovarios.Así que sí. Me siento orgullosa de decir que salí de un colegio en el que te webiaban por ñoña, por regia, por estar siempre pololeando, porque llegabas tarde y vivías al lado. Pero a ninguna se le discriminaba por tener cual o tal apellido, o si tus papás eran médicos u obreros, no te discriminaban por ser rubia o morena, no te discriminaban por mora o cristiana. Ni si quiera te discriminaban por ser lesbiana. Me siento orgullosa de decir que estudie en un colegio donde los profesores peleaban contra viento y marea porque aprendiéramos de verdad, por consolarnos cuando teníamos penas de adolescentes, por aprenderse nuestros nombres aunque eramos 1852. Viendo todo este gran escenario: sí señor Labbé siéntase orgulloso, porque el Carmela esta presente en la lucha, siéntase orgulloso porque además de ganar los campeonatos de debate y ser las mejores en SIMCE, somos conscientes. Porque a pesar de todas las trabas que usted y sus fieles seguidores nos han puesto: nos educamos. Tiene que sentirse orgulloso porque no somos las niñas sumisas que quieren que seamos, siéntase orgulloso cada vez que una carmeliana es madre, porque ya se sabe que no somos las niñitas castas que quieren que seamos, cuando llegamos a cuarto ya casi ninguna es virgen, y varias son madres, pero eso no nos hace casquivanas, tenemos sexo, y lo disfrutamos.
La historia siempre nos hizo quedar como un objeto inmobil que representaba algo, para los poetas musas, para los guerreros hogar. Disney nos transformó en princesas que esperan, en una torre o durmiendo. Siéntase orgulloso señor alcalde porque somos las nuevas princesas, las del siglo XXI. Las mujeres que luchan. Las que dan la cara. Las que pelean. Las que no le tememos a nada. No esperamos a que nos bajen de la torre, ni que nos despierten, si tenemos que escalar, escalamos. Despertamos solas. no nos asustan las brujas y aprendimos a reconocer las manzanas envenenadas.
Estas son las verdaderas razones por las que llevamos el nombre del colegio colgado al cuello, en la mochila, en el estuche, en los lápices, en el jarro para tomar café, en el corazón.
Estas son las verdaderas razones por las que deberían sentirse orgullosos los poderosos.